La estrategia es real. Irán fue un error de todos modos.
La Estrategia de Defensa Nacional de Estados Unidos está disponible al público en el sitio web del Departamento de Defensa, y traza una hoja de ruta sobre cómo Estados Unidos pretende conservar su posición como la potencia dominante del mundo. Vale la pena leerla, porque explica buena parte de lo que ha pasado este último año — y porque hace que la decisión de meterse en Irán se vea peor, no mejor.
La estrategia tiene dos objetivos principales. El primero es consolidar el control sobre el hemisferio occidental y construir una «Fortaleza América». Groenlandia, Canadá, México, Venezuela, Cuba, Colombia, Nicaragua y Honduras están todos en el hemisferio occidental. El patrón es difícil de ignorar. La idea es fortalecer la posición de Estados Unidos en su propio vecindario antes de atender los desafíos de otras partes.
El segundo objetivo es mantener a las potencias regionales enfrentadas entre sí, y no enfrentadas directamente con Estados Unidos. En Europa, la OTAN sigue metida con Rusia en Ucrania. En Asia Oriental, China compite estratégicamente con Japón y Corea del Sur. En el Medio Oriente, Irán se enfrenta a Israel y al Consejo de Cooperación del Golfo. En ese escenario, Estados Unidos puede suministrar armas, recursos, financiación, inteligencia y apoyo logístico sin asumir el costo completo de cada conflicto. A medida que los competidores regionales se desgastan, la posición relativa de Estados Unidos se fortalece.
También hay una dimensión económica. Los periodos de inestabilidad global suelen aumentar la demanda de equipo militar estadounidense, de sus mercados financieros y del dólar. Eso fortalece la posición económica de Estados Unidos y hace más fácil financiar su enorme deuda nacional.
Y por eso mismo entrar directamente en la guerra con Irán fue un error. Toda la lógica de la estrategia es que otros se desgasten mientras Estados Unidos suministra y financia. Atacar a Irán nosotros mismos invierte esa lógica. Asumimos el costo que el documento fue escrito para evitar, y lo hicimos con las reservas de interceptores ya peligrosamente bajas — el único recurso que no se puede improvisar, que tarda meses en fabricarse, y que ya se gastó. Resultó que Irán operaba defensas aéreas respaldadas por China, así que la guerra no aisló a Teherán de Pekín; los juntó. Bases estadounidenses en Irak fueron atacadas. El petróleo subió, y eso es inflación, y cae sobre los mismos hogares que ya están bravos por el precio del mercado. La estrategia es real y es coherente. Esta guerra no es su ejecución. Es una desviación, y la cuenta se está pagando en la única moneda que el plan daba por guardada.